Lavar y picar los tomates en trozos medianos.
Colocar un poco de aceite en una olla y calentar a fuego medio.
Agregar los ajos cortados en láminas y dejar que se ablanden suavemente, sin que lleguen a dorarse; deben quedar tiernos y blancos.
Añadir los tomates picados y mezclar bien.
Remover con una cuchara de madera para que los tomates vayan soltando su jugo y se ablanden lentamente.
Comprobar la acidez del tomate; si resulta muy ácido, agregar una pizca de azúcar, mezclar y probar nuevamente. Si aún conserva acidez, añadir otro poquito de azúcar y volver a mezclar.
Agregar el arroz y remover bien para que se impregne del sabor del tomate.
Incorporar el caldo poco a poco, en tres veces, removiendo cada vez para que el arroz absorba el líquido de forma uniforme.
Salpimentar al gusto y cocinar hasta que el arroz esté en su punto: ni duro ni demasiado blando.
Si al probarlo aún no está listo y el líquido se ha consumido, agregar un poco más de caldo, mezclar y seguir cocinando hasta que quede tierno.
Retirar del fuego y dejar reposar tapado durante 5 minutos para que los sabores se asienten.
Servir con un toque personal: espolvorear queso rallado por encima o añadir un chorrito de aceite de oliva virgen para realzar su aroma.