Colocar los orejones en un bol y cubrir con agua para hidratarlos durante unos minutos.
Abrir el lomo de cerdo en forma de libro, procurando que quede parejo.
Dejar la capa de grasa exterior, ya que ayudará a que la carne quede más jugosa al hornearse.
Extender el lomo sobre una tabla, salpimentar por ambos lados y condimentar con tomillo al gusto.
Agregar el ajo y el perejil picados muy finos —la receta del ajo y perejil siempre listo la encuentras aquí—, mezclados con un poco de aceite, y extender sobre toda la superficie del lomo para aromatizarlo. La receta del ajo y perejil siempre listo la encuentras aquí. Colar el agua de los orejones hidratados y colocarlos alineados sobre la carne, dejando libre un pequeño borde para poder enrollar después.
Presionar ligeramente los orejones contra el lomo, enrollar con cuidado y cerrar los extremos con palillos o escarbadientes.
Cubrir el rollo con las lonchas de panceta, sujetándolas con palillos si es necesario, hasta envolver completamente la carne.
Atar con hilo de cocina para mantener la forma durante la cocción.
Engrasar la fuente del horno y pintar el lomo con un poco de aceite por todos los lados antes de colocarlo en ella.
Precalentar el horno a 200 °C y hornear el lomo durante 10 minutos para sellar la superficie.
Pasado ese tiempo, bajar la temperatura a 180 °C y continuar la cocción durante 60 minutos, hasta que la carne esté dorada y tierna.
Si se dora demasiado rápido, cubrir con papel de aluminio.
Retirar del horno, quitar el hilo y dejar reposar unos minutos antes de cortar.
Los jugos que quedan en la fuente son un tesoro: verterlos en un pequeño recipiente, sazonar al gusto, mezclar bien y servir en una salsera para acompañar el lomo al momento de llevarlo a la mesa.
Un plato lleno de sabor, con el toque dulce de los orejones y la jugosidad de la panceta. Perfecto para disfrutar con una buena compañía y una copa de vino.