Para preparar una masa de pizza casera con ese toque tradicional que tanto nos gusta, lo primero es disolver la levadura en el agua hasta que se integre por completo. En un bol, mezclar la harina con la sal para repartir los sabores de manera uniforme.
A continuación, añadir el aceite al agua con levadura, mezclar y verter esta mezcla sobre la harina. Amasar con calma hasta obtener una masa homogénea. Notarás que queda ligeramente pegajosa, y eso es completamente normal: es parte del secreto para que después resulte esponjosa.
Cuando la masa esté lista, colocarla en un recipiente ligeramente aceitado, cubrirla bien y realizar un doblez en tres, llevando un extremo sobre otro. Este pequeño gesto ayuda a generar fuerza y elasticidad en la masa.
Luego, dejar levar en la nevera un mínimo de 2 horas, aunque si puedes dejarla hasta el día siguiente, mucho mejor: el frío realza el sabor y mejora muchísimo la textura. Sabrás que está lista cuando presiones con un dedo y la marca se mantenga.
Esta receta alcanza para dos pizzas, y además la masa puede durar hasta 4 días en la nevera. De hecho, mientras más tiempo repose, más aromática y deliciosa será.
Al momento de usarla, espolvorear un poco de harina sobre la mesada, estirar con la mano o un palote hasta el grosor deseado y hornear en la base del horno, a 250°C por 10 minutos o hasta que los bordes estén dorados y crujientes.