Preparar un buen risotto es un pequeño acto de paciencia y cariño: remover, oler, probar... y disfrutar del resultado cremoso y reconfortante.
Cortar la cebolla en brunoise (en dados muy pequeñitos) y reservar.
Laminar los champiñones y reservar.
Preparar el caldo de pollo o de verduras y mantenerlo caliente.
En una sartén amplia, fundir la mitad de la mantequilla a fuego lento.
Agregar la cebolla y cocinar hasta que quede transparente y suave.
Salpimentar al gusto para realzar el sabor.
Añadir el arroz y tostarlo durante 2 minutos, removiendo constantemente para que absorba bien la mantequilla.
Incorporar los champiñones y remover para que se integren con el arroz.
Agregar el vino blanco y dejar que se evapore el alcohol, disfrutando del aroma que desprende.
Cuando el vino se haya reducido, incorporar poco a poco el caldo caliente, removiendo constantemente durante unos 15 minutos para que el arroz suelte su almidón y se vuelva cremoso.
Faltando unos 3 minutos para terminar la cocción, añadir la mantequilla restante y remover para que se derrita e integre.
Incorporar el queso parmesano rallado y mezclar hasta lograr la textura suave y cremosa característica del risotto.
Retirar del fuego y servir de inmediato, decorando con unas escamas de queso parmesano por encima.
Un plato que reconforta el alma y llena la cocina de aroma. Perfecto para una cena especial o un día en que quieras darte un gusto.