Esta es una de esas recetas que se convierte en favorita en cuanto la pruebas. Este Pollo con cerveza y cebollas es la prueba de que la sencillez, cuando se hace con mimo, es imbatible.
El secreto de su éxito está en la integración de los sabores, donde el sabor sutil de la malta se funde con el dulzor de la cebolla pochada. Al cocinarlo a fuego lento, verás que la clave está en ese equilibrio de texturas tan tierno que la carne prácticamente se despega del hueso.
Es un plato increíblemente versátil. Si te preguntas qué alimentos combinan mejor, te diré que unas patatas panadera o un arroz blanco son sus mejores aliados para no perder ni una gota de salsa.
¿Y para beber? El maridaje ideal es, sin duda, la misma cerveza que uses para cocinar, preferiblemente una rubia suave o una tostada si buscas un sabor más intenso.
Origen e historia
Este plato nace de la curiosidad de Pepe que un día, decidió darle un giro a los clásicos jamoncitos de pollo y sustituyó el vino blanco por una cerveza. Lo que empezó como un experimento para «mejorar» el guiso tradicional, acabó convirtiéndose en el plato de sus reuniones.
¡Prepárate para mojar pan y no dejar ni rastro en el plato!

Pollo con cerveza y cebollas
Instrucciones
- Salpimentar generosamente los jamoncitos de pollo y reservar.
- Pelar las cebollas y cortarlas en juliana fina.
- Aplastar los ajos ligeramente.
- Colocar abundante aceite de oliva en una olla amplia y llevar a fuego medio.
- Dorar los ajos para perfumar el aceite, cuidando que no se quemen.
- Incorporar los jamoncitos y dorarlos por todos sus lados hasta que tomen un color bien dorado.

- Agregar la cebolla en juliana, incorporar la mostaza y tapar la olla.

- Incorporar la cerveza y mover sacudiendo la olla para que se integre con los jugos del pollo. No usar cuchara o espátula.

- Cocinar a fuego medio, manteniendo la olla tapada durante unos 40 minutos.
- Mover la olla suavemente de vez en cuando, sin remover con cuchara, para que los ingredientes se integren y la cebolla se vaya deshaciendo.
- Retirar del fuego cuando el pollo esté bien tierno y la salsa formada tenga una textura ligeramente espesa.
- Servir caliente, acompañado de puré, patatas, arroz o pan para disfrutar de la salsa.


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