Hay postres que son inmortales, y la Crema Catalana es uno de ellos. Te invito a preparar esta joya de la repostería, famosa por su textura suave y cremosa y, por supuesto, por esa irresistible costra de azúcar caramelizada que se rompe con un crack inolvidable. Es más fácil de lo que crees, y el resultado… ¡puro sabor a tradición!
¿Por qué la Crema Catalana enamora a todos?
Este postre es la definición del equilibrio perfecto entre lo suave y lo crujiente.
- Sabor inconfundible: la leche se infusiona lentamente con canela y cáscara de limón, aportando un toque cítrico y aromático que la distingue.
- Textura divina: es una crema de yemas de huevo increíblemente sedosa y ligeramente más ligera que su prima francesa (la crème brûlée).
- El gran ginal: Su magia reside en la capa de azúcar caramelizado. Ese contraste entre la crema fría y la costra caliente y crujiente es lo que la hace adictiva.
La historia de un postre centenario
La Crema Catalana no es solo un postre, es historia viva. Es uno de los dulces más antiguos de la gastronomía de Cataluña (España), con referencias que se remontan ¡hasta el siglo XIV!
Apareció en recetarios medievales tan importantes como el Llibre de Sent Soví, lo que nos dice que ya era un manjar apreciado en la Edad Media. Tradicionalmente, este postre estaba ligado a la celebración del Día de San José (19 de marzo), por lo que también se la conoce cariñosamente como «Crema de Sant Josep«. Es un bocado que nos conecta directamente con nuestras raíces culinarias.
¡Prepara este clásico hoy y disfruta de esta deliciosa y tentadora fusión!

Crema catalana
Instrucciones
- Colocar la leche en una olla junto con la piel de limón y la rama de canela.
- Calentar a fuego medio hasta que comience a hervir.
- Retirar del fuego y dejar reposar unos minutos para que la leche se infusione con los aromas.
- En otro recipiente, mezclar las yemas de huevo con el azúcar y la maicena, removiendo hasta obtener una mezcla homogénea.
- Retirar la piel de limón y la rama de canela de la leche caliente, y agregarla poco a poco a la mezcla de yemas, removiendo constantemente para atemperarlas y evitar que se cocinen.
- Verter la mezcla nuevamente en la olla y cocinar a fuego medio, removiendo sin parar hasta que espese.
- Retirar del fuego justo cuando comience a hervir.
- Repartir la crema en platos o moldes individuales y dejar enfriar a temperatura ambiente.
- Luego, llevar a la nevera y dejar enfriar sin tapar para que se forme la clásica costra en la superficie.
- Antes de servir, espolvorear dos cucharaditas de azúcar sobre cada porción y caramelizar con un soplete, una pala de caramelizar o un quemador eléctrico, hasta obtener una capa dorada y crujiente.


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