Lavar bien los pimientos y secarlos cuidadosamente para que se asen de forma uniforme.
Untar los pimientos con un poquito de aceite para que la piel se desprenda con facilidad.
Colocar los pimientos en una bandeja de horno.
Hornear a 190 °C durante unos 15 minutos.
Pasado ese tiempo, subir la temperatura a 195 °C y continuar el horneado 5 minutos más, hasta que la piel empiece a arrugarse.
Retirar la bandeja del horno y dejar entibiar los pimientos para poder manipularlos sin quemarnos.
Retirar las semillas y pelar la piel con suavidad.
Cortar la pulpa en tiras finas de aproximadamente 1 cm de grosor.
Acomodar las tiras en un recipiente de vidrio.
Picar uno o dos dientes de ajo muy finitos.
Añadir el ajo picado sobre los pimientos.
Sazonar con una pizca de sal.
Cubrir generosamente con aceite de oliva.
Servir a temperatura ambiente para disfrutar al máximo su sabor.