Hoy vamos a preparar un tesoro con historia: la Mermelada de higos casera. Esta no es solo una receta fácil, natural y deliciosa, sino una tradición milenaria.
El higo es una fruta que ha sido valorada desde la antigüedad; fue un alimento fundamental en las civilizaciones griega y romana. La técnica de las conservas dulces como la mermelada (o confitura) surge de la necesidad de guardar esta fruta nutritiva para el invierno. En muchas culturas, preservar los higos era sinónimo de previsión y abundancia.
Los higos frescos son una maravilla nutritiva, repletos de fibra, y nos aportan minerales esenciales como el potasio, calcio, magnesio y hierro, además de vitaminas.
La magia reside en aprovechar el momento perfecto:
- El corazón de la tradición: la costumbre manda esperar a la abundante cosecha. Así garantizamos no solo el mejor sabor y madurez, sino también el precio más económico.
- El sabor concentrado: la cocción lenta transforma la fruta. El higo libera su dulzor intenso y profundo, un sabor que se ha preservado a través de los siglos.
- La textura ideal: una conserva untuosa y cremosa, un auténtico placer para el paladar que evoca el ingenio de nuestras abuelas.
Aprovechar esa temporada de abundancia para preparar esta Mermelada de higos es la mejor forma de guardar un pedacito de la historia y el sol en su cocina.
La Mermelada de higos es el acompañamiento ideal para todo tipo de quesos, Foie gras o patés, yogur natural o kéfir, relleno para crepes, gofres, para tartas y tortas.
¡Prepárense para sellar la dulzura de la naturaleza en cada cucharada!

Mermelada de higos casera
Instrucciones
- Lavar los higos con delicadeza y retirar el tallo. Cortar la fruta en cuartos, o si son muy grandes, en trozos más pequeños. No retirar la piel, ya que esta aportará una textura y fibra a la mermelada.
- Colocar los trozos de higo en una olla amplia y de fondo grueso. Cubrir con el azúcar y añadir el zumo de limón, un ingrediente clave para equilibrar la dulzura del higo.
- Dejar reposar la mezcla tapada durante al menos 3 horas. Permitir que los higos maceren en el azúcar ayudará a que suelten sus jugos naturales, lo que facilitará la cocción.
- Llevar la olla a fuego medio-bajo. Cocinar lentamente, remover de vez en cuando con una cuchara de madera, asegurando que el azúcar se disuelva antes de que la mezcla hierva.
- Una vez que la mermelada rompa a hervir, reducir el fuego y mantener una cocción suave. Retirar cualquier espuma que aparezca en la superficie con una espumadera, consiguiendo así una mermelada más transparente.

- Si deseas una mermelada más suave, utilizar un pisa puré o batidor de mano para machacar ligeramente los trozos. Si buscas la textura rústica del higo, dejarla tal cual.
- Probar el punto de espesor. El momento ideal es cuando, al pasar la cuchara, puedes ver el fondo de la olla por un segundo y demora en juntarse. Otra prueba es poner una gota en un plato si cuaja y no corre, está lista.
- Envasar la mermelada, aún muy caliente, en frascos de vidrio esterilizados. Cerrar bien la tapa y, con la ayuda de un paño, invertir los frascos boca abajo para que, al enfriar, se produzca el vacío que garantiza la perfecta conservación.

- Esterilizar los frascos y tapas antes de usarlos.
- Envasar la mermelada aún caliente en los frascos también calientes.
- Cerrar bien y cocinar nuevamente al baño maría durante 20 minutos.
- Dejar enfriar, etiquetar y guardar en un lugar fresco y oscuro.
- Esterilizar los frascos.
- Envasar la mermelada caliente, cerrar con fuerza y colocar los frascos boca abajo hasta que se enfríen por completo.


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