Hoy vamos a celebrar una de las joyas de la gastronomía venezolana: la empanada criolla. Ese envoltorio de masa de maíz dorado, crujiente por fuera y con un relleno que es pura explosión de sabor. Aunque el relleno puede ser de casi cualquier ingrediente, hoy nos centraremos en la versión más popular: las empanadas de pollo, que son crujientes, jugosas, rápidas y absolutamente adictivas.
Un viaje en el tiempo: la antigüedad de la empanada
Las empanadas tienen un linaje tan antiguo como el propio pan. Se cree que su origen se remonta a la antigua Mesopotamia, como lo documenta el libro de recetas más antiguo conocido, datado alrededor del 1700 a.C. ¡Un plato con más de 3.700 años de historia!
Se cree que las empanadas llegaron con los colonizadores españoles a las costas orientales a mediados del siglo XVI, difundiéndose poco a poco por todo el territorio nacional.
De plato de élite a icono popular
Curiosamente, no siempre fue popular. Al principio, era un plato reservado para la alta sociedad, elaborado con carnes finas y especias exóticas. Sin embargo, su sencillez hizo que rápidamente se popularizara. Se convirtió en un plato accesible y económico para la población en general.
Hoy en día, las empanadas venezolanas han trascendido las fronteras. Ya sea en un puesto de la calle, en un restaurante de alta cocina o en tu propia casa, estas delicias se han ganado el paladar de personas en todo el mundo.
La clave de una empanadita de pollo rerfecta
El secreto de esta receta, además de la masa crujiente de maíz, está en la calidad y el sabor del relleno de pollo. Aquí te doy las claves para que te queden jugosas y llenas de sabor:
- La masa de maíz (el envoltorio perfecto): usar harina de maíz precocida es esencial. Esto le da esa textura que se vuelve crujiente y dorada al freírse, sin absorber demasiado aceite.
- El relleno jugoso: el pollo debe estar guisado con un sofrito de cebolla, ají dulce, pimentón, etc. Es fundamental que el relleno esté húmedo y no seco, para que al freírse, mantenga esa jugosidad interior que contrasta con la capa exterior crujiente.
- La cocción (fritura perfecta): la empanada venezolana se cocina por fritura en aceite caliente hasta que la masa se hincha ligeramente y toma un color dorado intenso. Es este paso final el que le da su textura icónica.
Y recuerda: ¡Una empanada crujiente en la mano es sinónimo de felicidad criolla!

Empanadas venezolanas de pollo
Instrucciones
- Calentar un chorrito de aceite en un sartén amplio.
- Picar la cebolla en trocitos muy pequeños y sofreír hasta que quede transparente y aromática.
- Agregar el pimiento rojo picado y remover para integrar.
- Incorporar los dientes de ajo triturados y cocinar unos 5 minutos para que suelten todo su sabor.
- Añadir la pechuga de pollo previamente cocida, asada o a la plancha, y desmenuzarla bien.
- Mezclar con suavidad para integrar todos los ingredientes.
- Agregar la salsa de tomate y ½ taza de caldo o agua para que el relleno quede jugoso.
- Sazonar con sal y pimienta al gusto, tapar, cocinar 5 minutos y reservar.

- Colocar las 2 ½ tazas de agua en un bol.
- Añadir una pizca de sal, la pizca de azúcar e incorporar la harina de maíz precocida.

- Amasar con paciencia hasta sentir una masa elástica, suave, manejable y sin grumos. Dejar reposar unos minutos antes de comenzar a formar las empanadas.
- Formar una bola pequeña de masa y colocarla sobre un plástico para evitar que se pegue.
- Aplastar suavemente hasta formar un círculo parejo, ayudándose siempre del plástico.

- Cortar con un bol o molde del tamaño deseado para obtener la forma perfecta.
- Colocar una porción del relleno en una mitad del círculo de masa.
- Doblar la masa con ayuda del plástico para cerrar la empanada sin que se rompa.
- Pasar a la mano y presionar bien los bordes para sellarlos.
- Repetir el proceso con todas las empanadas.
- Calentar aceite abundante y bien caliente.
- Freír pocas unidades a la vez para darles espacio y poder voltearlas con facilidad.

- Retirar cuando estén doradas y colocarlas sobre papel absorbente.
- Servir calientes con guasacaca, salsa verde, ají picante… ¡o disfrutarlas solitas, que también son una delicia!


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